Bienestar y bien estar
Poco a poco va escuchándose un pequeño chasquido en los engranajes de la sociedad. Aquella defensora del bienestar de sus ciudadanos consigue que estos cada vez la observen como una quimera. Ya tan solo queda el consuelo del bien estar personal. Y si se alcanza algún día, pues mejor. Es la zanahoria al burro.
Toda esta situación ha tenido como uno de sus responsables a los procesos de integración regional, triunfando el lado económico más allá del lado social y político. En parte podría parecer lógico, porque aunque se crea que lo político y lo económico están en una simbiosis, es este último el que llega a definir la balanza en la mayoría de los casos.
Lo político cada vez se define con menor peso en los ciudadanos, de ahí el poco interés que subscitó en Europa el intento de aprobar la Constitución Europea. La ciudadanía experimenta que el proceso de concentración de competencias en una entidad supranacional no soluciona sus problemas. Al contrario, los agrava.
Sería interesante que le echasemos un vistazo al anuario macroeconómico de la Comisión Europa o a la base de datos de previsiones económicas de la OCDE para extraer varios indicadores que detallan este malestar.
El desempleo muestra como la inseguridad en el mismo es una constante con la excusa de la economía de una asignación eficiente y efectiva de los efectivos laborales. Pero con qué costes a nivel personal: movilidad geográfica sin facilidades de residencia por ejemplo.
La eficiencia buscada no tuvo su traducción en una subida de los salarios. Al contrario, la crisis del 92, aquella que dejo en quiebra técnica a Estados tan cercanos como Suecia o Finlandia no supuso a posteriori que las rentas de trabajo crecieran a la par que las rentas de capital. Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial esto dejó de producirse.
Las condiciones laborales de los trabajores y las trabajadoras tampoco son para lanzar campanas al vuelo. La Fundación Europea para la mejora de las condiciones de vida y del trabajo habla en sus informes que cada vez las condiciones en las que los trabajadores están bajo ambientes estresantes es mayor. Esto contrasta con las políticas públicas que intentan aunar las vida familiar con el trabajo ultimamente.
Los beneficios sociales se han ido reduciendo paulatinamente. Estos no tenían cabida en un estado de control del gasto público, sobre todo en aquellos países que querían adoptar la moneda única. La liberalización de la economía se encargaría de asignar lo que cada uno necesitara (clásica falacia neoliberal)
A pesar de que las últimas decisiones políticas en el caso español intentan mitigar la oleada neoliberal de la última decada, está todavía por demostrar si su implementación será efectiva y a qué coste.
Posiblemente estemos asistiendo a lo que Emmanuel Todd escribió en La Ilusión Económica, los estados implementan políticas incrementalistas cuando los problemas necesitan de un gran pacto social por su magnitud como los que se vivieron tras la Segunda Guerra.
P.D.: la crisis económica del 92 comenzó a configurar una realidad económica y político-social que tiene su traducción hoy.
