Pero, a medida que el hombre envejece, el recuerdo de su juventud comienza a actuar nada menos que como una inmunización contra nuevas experiencias. Y ahora contaba treinta y ocho años. Una edad en que uno se siente curiosamente poco inclinado a decir que ha vivido, a la vez que se resiste a reconocer que su juventud ha muerto. Una edad en que el sabor de las propias experiencias se convierte gradualmente en algo un poco amargo y en la cual, día a día, se gustan menos las cosas nuevas. Una edad en la que el encanto de las tonterías divertidas pierde rápidamente color. Pero la entrega de Honda a su trabajo servía de escudo contra emociones. Estaba enamorado de su extrañamente abstracta vocación
Yukio Mishima , Caballos desbocados
P.D.: vivamos las experiencias nuevas del día a día...:-)

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