Desayunar, una de las actividades básicas e importantes en el ser humano. Posiblemente en los funcionarios desempeña un papel mucho mayor. No por los nutrientes que aporta la ingesta, sino por el tiempo libre extra que les da la maldita excusa del desayuno.

Todo esto ha venido después de ver un correo masivo (de funcionario a funcionario por supuesto, no podía ser de otra forma) de Borges describiendo la vida de los empleados públicos con su típico humor irónico.

La palabra mágica es desayuno. Primero, nada más llegar al curro viene el primer café con alguna que otra pastita de las que están de oferta en el supermercado. La duración es relativa; puede ser la ida y vuelta a la máquina de café, o también casi plantar una tienda de campaña en la dichosa máquina a lo Camera Café. Este primer desayuno seguro que será para limpiar el tubo digestivo después de una noche movida, fijo.

Cuando ya se ha macerado todo en el estómago, comienza el tiempo de tomar otro. En teoría este es el auténtico, a realizar entre las 10 y las 11:30 con una duración de no más de 25 minutos más o menos. En la práctica creo que los que hicieron la norma se equivocaron. Duración: casi todo el intervalo.

Que decir tiene la ceremonia que surge alrededor. Como en las tribus, todos los miembros se llaman unos a otros. De 5 a 10 minutos todos han respondido a la pregunta "¿vamos a desayunar?. Presentes salen con paso firme y de procesión (paso lento donde los haya).

Una vez un Jefe de Servicio me comentó que por la calle se podía distinguir a los funcionarios del resto de trabajadores. La razón se encontraba en la forma de caminar a esas horas de la mañana. Los mortales vamos rápido a solucionar nuestros asuntos y demás, para ellos su problema más inmediato es encontrar un sitio para desayunar.

Al acabar el desayuno se puede volver al trabajo, pero nunca estará mal echar un vistazo a esas cosillas que uno ha visto interesantes en las tiendas de los alrededores.

Menos mal que esto sólo es una gran minoría como dirían en Documentos TV.

P.D.: mamá quiero ser funcionario