Con motivo de la adhesión de mi oficina a un programa para saber sobre la realidad del tabaco, se les envió un correo electrónico a todo el personal que trabajaba explicándoselo.
Junto a este correo se adjuntaban un par de documentos, entre otros una breve encuesta que preguntaba sobre los hábitos de aquellos que fumaban, y de los que no.
Todo estaba bien descrito tal y como se aconseja en este tipo de herramientas. Lenguaje claro y conciso, familiar para el receptor, señalar el anonimato y su uso posterior. También se señalaba, usando la misma forma, como enviar la información.
En esta época de Modernizaciones en la Administración Pública este fue el resultado después de enviar el correo, y otros más recordando la participacion:
De cerca de un universo muestral de 600 personas, sólo respondieron 70 personas de las cuales lo hicieron bien 58. De esas 58 la entregaron en mano 10. En definitiva solo nos quedamos con 48 personas que respondieron por el mismo medio con las que se contacto.
Nos hace pensar este hecho en el éxito que está teniendo la modernización en las administraciones públicas entre sus miembros.
Lo más destacable es la forma de medir este éxito en términos de coste/eficacia. Gastarse tanto dinero cuando hay cosas que parecen casi imposible que cambien después de tanto años de modernización.
A lo mejor hay que esperar a la nueva generación de trabajadores que entren.

Quizás el problema no estuviera en el medio sino en la falta de motivación para contestar esta clase de encuestas.
Puede ser cierto, quizás la gente está cansada de contestar este tipo de encuestas sobre este tema en concreto, aunque solo tuviera 10 items.
Para dejar de fumar se puede pensar que es más fácil ir a tu médico, y este después mandarte un tratamiento. Más personalizado y anónimo que venga desde tu propia empresa.
Buena reflexión.
Como decía William Gibson: "El futuro ya está aquí, solo que no está uniformemente distribuido todavía."
Hay veces que nos empeñamos en redistribuirlo y no resulta.