Esta mañana fue la tercera vez que intenté escribir este post. Podría uno pensar en la dificultad para encontrar una forma de expresar lo que uno piensa. Esto me lo comentó Juan Pablo en el último cocktail de Cadius. Ya escribiré mis ideas sobre esto pronto.

Hoy, después de tanto tiempo le he estado dando vueltas a la cabeza a la formación que se da a empleados públicos en la Administración.

Cuando uno mira su nómina ve que existe un apartado de Cuota Obligatoria en Formación Profesional. En mi caso me quitaban al mes la modica cantidad de 47, 84 €. No está mal, puede ser como una buena cena con algunos amigos.

En teoría, y creo que en la práctica, esa cantidad va destinada a formar a los empleados a través de cursos. En la Administración Pública todos los empleados tienen ese derecho. Por otra parte, algunas veces existen agentes que quieren sacar más tajada de la tarta.

Con el actual sistema de promoción profesional de los empleados públicos, la realización de cursos se convierte en uno de los pilares básicos para conseguir méritos. Parece algo normal encontrarse a principios de cada año a miles de funcionarios solicitando los diferentes cursos que solicitan los sindicatos, institutos, etc. mmmmm......Esto significa una cantidad de futuros clientes increíble.

Estos funcionarios deberían hacer estos cursos gratis por esa cuota, pero nos encontramos con que deben abonar una cantidad en muchos casos. Con lo que algunos agentes hacen el agosto con cada convocatoria. Se hacen de oro, y sus respuestas son la necesidad de mantener instalaciones, calidad de la formación, etc.

El otro día se aprobó el nuevo Estatuto de la Función Pública, propongo que los funcionarios puedan destinar esa cuota de formación profesional a dónde verdaderamente ellos elijan. Se cree un sistema de seguimiento del dinero destinado a cada agente y su inversión efectiva en formación. Así se evitaría lo que sucedió con la Fundación Tripartita Forcem hace unos años con el desvío de subvenciones.